(Dedicado a e inspirado por J.C. Onetti)
Vi empequeñecerse los vagones de los trenes
alejándose entre dos anchas líneas verdes
segregando doble estela los rieles
bajo el sol fulgurante de setiembre
Iba solo en el andén...
Casa ennegrecida, solemne
un principio de campo
bancos de piedra junto a la fuente
pasto amarillento curvado
Arranqué un largo tallo y caminé.
El simple saludo de la naturaleza
mientras el alma se virginiza
piel de durazno, aroma a tierras
charca vidriosa, camisa abierta
Acaso no fuera posible vivir siempre allí
en cuanto comenzara la primavera
huir de la ciudad hacia una casita cualquiera
trabajar por las mañanas en lo que quisiera
Desensillando con las primeras estrellas
una dulzura resbala en las venas
forma una mueca en la boca plena
de paz sempiterna